Sin importar cuan claro sea el día o cuan apacible parezca el humilde pueblo Godsworth la sombra viaja por caminos inconcebibles e ignotos. Las cacerías son escenario común mientras que la presa es la criatura mas terrible, el peor tipo de ser humano a los ojos de este humilde poblado: aquellos acusados del prosaico arte de la brujería.
Las voces acaloradas resuenan estrepitosamente en el único bar del poblado hasta que un hombre corpulento y de barba desaliñada, provisto de de un peculiar abrigo formado por diferentes pieles animales golpea la barra haciendo repiquetear los tarros de cerveza bramando:
-¡A callar! Estas discusiones estúpidas no llevan a nada. ¿Quieren que los herejes se vayan? No lo harán por su pie, si los quieren fuera tendrán que matarlos en el nombre de dios todopoderoso. Si no tienen la fuerza para hacerlo paguenle al mejor cazador de brujos de este maldito pueblo, ya saben donde vivo. -Tras decir esto se marchó del bar dejando tras de sí un silencio sepulcral.
Al otro lado del pueblo, un hombre se aleja rápida y sigilosamente de la mansión Godsworth, piedra angular del poblado homónimo y hogar del alcalde y su familia, con un pequeño bulto sobre su hombro. Al salir del pueblo e internarse en el corazón de las montañas aledañas alcanza tras sortear una penosa serie de desfiladeros y espesas zarzas una meseta donde brilla un macabro fuego arrojando inmensas sombras humanoides a lo largo y ancho de la misma.
-¿Lo traes hermano? -Dice la figura mas próxima a el. Una silueta encapuchada y de voz femenina y cruel.
-Efectivamente hermana Ereshkigal, el primogénito no bautizado de la cabeza de este pueblo. -Dice mientras levanta por el tobillo a un bebe de no mas de dos meses de edad y lo muestra ante aquella encapuchada congregación.
-Samael, has hecho bien. -Dice un hombre en el extremo mas lejano a él. -Has traído la sangre apropiada para el Walpurgisnacht.
-Eres digno de ser el vehículo de Baal. -Dice otra voz femenina a su derecha.
A la mañana siguiente Patrick Godsworth, aporrea enloquecido la puerta de una cabaña humilde.
-¡Quiero sus malditas cabezas en la bandeja de mi desayuno! ¡Cazador! -Aquella ira pronto se desvanece mientras rompe en llanto, derrumbandose en cuanto la puerta se abre para dejarlo pasar.
-Dígame alcalde, ¿Sabe lo que es Walpurgisnacht? -Preguntó el cazador con una insidiosa sonrisa en su rostro.
-¡No me importa! Solo me importa tener de vuelta a mi hijo -Responde entre gimoteos ruidosos.
-Da la casualidad de que sí le importa dado que es esta noche y es probable que sea la ultima noche en la vida de su hijo y tal vez, de todo el pueblo.-Guarda silencio un segundo, esperando la respuesta del alcalde, sin embargo al no recibir nada mas que gimoteos prosigue. -Detenerlo es peligroso, es el mas grande aquelarre del año, lleno de brujas, hechiceros y criaturas menos definibles. Su hijo estará bien resguardado, no sera fácil.
-¡Te pagaré! ¡Todo lo que me pidas será tuyo! Solo traelo con bien.
-Lo haré. Discutiremos mis honorarios en el desayuno de mañana. Ahora fuera, necesito prepararme.
Un torrente de imagenes saturaban la mente del cazador mientras guardaba munición para su mosquete y afilaba su hacha. Imagenes de viejas heridas y peleas; 20 años atrás en la Walpurgisnacht su hijo fue sacrificado a las obscuras deidades sin nombre. Imagenes de fuego y sangre, aquellos aborrecibles cánticos y blasfemas procesiones de hombres y bestias, los horrorosos rugidos y finalmente el estridente grito de su único hijo remitiendo hasta apagarse junto con su vida.
Al anochecer el temible Walpurgisnacht comienza siendo espiado por el cazador desde las zarzas. La procesión esta conformada por hombres y mujeres custodiadas por bestias de garras y colmillos plateados. Se reunen alrededor de una descomunal pira funeraria mientras una de las figuras habla parsimoniosamente:
-Garras y colmillos, alma y sangre, te lo entregamos Baal, brindanos tu poder en este humilde vehículo. Heic noenum pax de grandaevus antiquus mulum tristisarcanas mysteria scriptum invoco crentus domini de daemonium Baal, domini de daemonium Baal, Baal, !Domini de daemonium Baal! -Al culminar el canto hereje las bestias por propia decisión brincan al fuego haciéndolo cambiar a un color negro y penetrante que se arrastra sin quemar el suelo hasta alcanzar al vehículo Samael y cubrir toda la extensión de su cuerpo, no grita, sino que extiende sus brazos flamígeros a los lados ahogado en una risa estridente y malévola mientras ante el llevan el sacrificio final: un bebe no bautizado, el hijo de Patrick Godsworth.
Al ver esto, el cazador brinca de las zarzas disparando a diestra y siniestra matando uno a uno a los asistentes que se avalanzan sobre el, desesperados por proteger la santidad de Walpurgisnacht a costa de sus cuerpos. Pronto el aire se llena de blasfemias cesantes y moribundas mientras el demonio Baal aparece entre las llamas, carne putrefacta, facciones taurinas al igual que los cuernos, una barba persa y totalmente desnudo mientras se arrodilla a punto de devorar al niño.
Los disparos no lo terminan de detener, cada herida sangra fuego mientras se yergue, preparándose para responder al ataque sin dejar de reír maniaticamente, mas sin en cambio siendo abatido rápidamente cuando un hacha propiamente afilada se desliza por su cráneo hasta la altura de los ojos. El efecto es inmediato mientras el conjuro se disipa y las llamas se apagan. El niño ha sido salvado, el cazador se ha redimido y el demonio ha sido conjurado dejando caer entre la tierra un cráneo envuelto en llamas que languidecen y una risa macabra e incesante que incluso la luz del día no puede detener.
Walpurgisnacht ha terminado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario