miércoles, 22 de agosto de 2012

Walpurgisnacht


Sin importar cuan claro sea el día o cuan apacible parezca el humilde pueblo Godsworth la sombra viaja por caminos inconcebibles e ignotos. Las cacerías son escenario común mientras que la presa es la criatura mas terrible, el peor tipo de ser humano a los ojos de este humilde poblado: aquellos acusados del prosaico arte de la brujería.

Las voces acaloradas resuenan estrepitosamente en el único bar del poblado hasta que un hombre corpulento y de barba desaliñada, provisto de de un peculiar abrigo formado por diferentes pieles animales golpea la barra haciendo repiquetear los tarros de cerveza bramando:

-¡A callar! Estas discusiones estúpidas no llevan a nada. ¿Quieren que los herejes se vayan? No lo harán por su pie, si los quieren fuera tendrán que matarlos en el nombre de dios todopoderoso. Si no tienen la fuerza para hacerlo paguenle al mejor cazador de brujos de este maldito pueblo, ya saben donde vivo. -Tras decir esto se marchó del bar dejando tras de sí un silencio sepulcral.

Al otro lado del pueblo, un hombre se aleja rápida y sigilosamente de la mansión Godsworth, piedra angular del poblado homónimo y hogar del alcalde y su familia, con un pequeño bulto sobre su hombro. Al salir del pueblo e internarse en el corazón de las montañas aledañas alcanza tras sortear una penosa serie de desfiladeros y espesas zarzas una meseta donde brilla un macabro fuego arrojando inmensas sombras humanoides a lo largo y ancho de la misma.

-¿Lo traes hermano? -Dice la figura mas próxima a el. Una silueta encapuchada y de voz femenina y cruel.

-Efectivamente hermana Ereshkigal, el primogénito no bautizado de la cabeza de este pueblo. -Dice mientras levanta por el tobillo a un bebe de no mas de dos meses de edad y lo muestra ante aquella encapuchada congregación.

-Samael, has hecho bien. -Dice un hombre en el extremo mas lejano a él. -Has traído la sangre apropiada para el Walpurgisnacht.

-Eres digno de ser el vehículo de Baal. -Dice otra voz femenina a su derecha.

A la mañana siguiente Patrick Godsworth, aporrea enloquecido la puerta de una cabaña humilde.

-¡Quiero sus malditas cabezas en la bandeja de mi desayuno! ¡Cazador! -Aquella ira pronto se desvanece mientras rompe en llanto, derrumbandose en cuanto la puerta se abre para dejarlo pasar.

-Dígame alcalde, ¿Sabe lo que es Walpurgisnacht? -Preguntó el cazador con una insidiosa sonrisa en su rostro.

-¡No me importa! Solo me importa tener de vuelta a mi hijo -Responde entre gimoteos ruidosos.

-Da la casualidad de que sí le importa dado que es esta noche y es probable que sea la ultima noche en la vida de su hijo y tal vez, de todo el pueblo.-Guarda silencio un segundo, esperando la respuesta del alcalde, sin embargo al no recibir nada mas que gimoteos prosigue. -Detenerlo es peligroso, es el mas grande aquelarre del año, lleno de brujas, hechiceros y criaturas menos definibles. Su hijo estará bien resguardado, no sera fácil.

-¡Te pagaré! ¡Todo lo que me pidas será tuyo! Solo traelo con bien.

-Lo haré. Discutiremos mis honorarios en el desayuno de mañana. Ahora fuera, necesito prepararme.

Un torrente de imagenes saturaban la mente del cazador mientras guardaba munición para su mosquete y afilaba su hacha. Imagenes de viejas heridas y peleas; 20 años atrás en la Walpurgisnacht su hijo fue sacrificado a las obscuras deidades sin nombre. Imagenes de fuego y sangre, aquellos aborrecibles cánticos y blasfemas procesiones de hombres y bestias, los horrorosos rugidos y finalmente el estridente grito de su único hijo remitiendo hasta apagarse junto con su vida.

Al anochecer el temible Walpurgisnacht comienza siendo espiado por el cazador desde las zarzas. La procesión esta conformada por hombres y mujeres custodiadas por bestias de garras y colmillos plateados. Se reunen alrededor de una descomunal pira funeraria mientras una de las figuras habla parsimoniosamente:

-Garras y colmillos, alma y sangre, te lo entregamos Baal, brindanos tu poder en este humilde vehículo. Heic noenum pax de grandaevus antiquus mulum tristisarcanas mysteria scriptum invoco crentus domini de daemonium Baal, domini de daemonium Baal, Baal, !Domini de daemonium Baal! -Al culminar el canto hereje las bestias por propia decisión brincan al fuego haciéndolo cambiar a un color negro y penetrante que se arrastra sin quemar el suelo hasta alcanzar al vehículo Samael y cubrir toda la extensión de su cuerpo, no grita, sino que extiende sus brazos flamígeros a los lados ahogado en una risa estridente y malévola mientras ante el llevan el sacrificio final: un bebe no bautizado, el hijo de Patrick Godsworth.

Al ver esto, el cazador brinca de las zarzas disparando a diestra y siniestra matando uno a uno a los asistentes que se avalanzan sobre el, desesperados por proteger la santidad de Walpurgisnacht a costa de sus cuerpos. Pronto el aire se llena de blasfemias cesantes y moribundas mientras el demonio Baal aparece entre las llamas, carne putrefacta, facciones taurinas al igual que los cuernos, una barba persa y totalmente desnudo mientras se arrodilla a punto de devorar al niño. 

Los disparos no lo terminan de detener, cada herida sangra fuego mientras se yergue, preparándose para responder al ataque sin dejar de reír maniaticamente, mas sin en cambio siendo abatido rápidamente cuando un hacha propiamente afilada se desliza por su cráneo hasta la altura de los ojos. El efecto es inmediato mientras el conjuro se disipa y las llamas se apagan. El niño ha sido salvado, el cazador se ha redimido y el demonio ha sido conjurado dejando caer entre la tierra un cráneo envuelto en llamas que languidecen y una risa macabra e incesante que incluso la luz del día no puede detener.

Walpurgisnacht ha terminado.

lunes, 13 de agosto de 2012

La marcha lunar


¿Quién soy? Mi nombre es Luna.
¿Qué soy? Soy una mujer confundida y transtornada.
¿Dónde estoy? No lo se...
¿Cuál mi época? No lo se...¿Estoy viva? ¡No lo se!

En mi mente repaso por enésima vez las palabras de mi terapeuta: "No te cuestiones tanto, solo te confundiras más". Hoy dejé a mi terapeuta, no se da cuenta que no puedo estar mas confundida.
Camino por una socorrida calle, llena de brillantes escaparates llenos de cosas tan variadas como alimentos, televisiones, juguetes, armas, articulos para el hogar, espejos... Espejos, los odio, solo muestran a una mujer menuda, no especialmente atractiva, de cabello rojo y pecas en el rostro. Me cansé de verlos pues nunca me veo a mi, todos mis terapeutas dicen que debo verme a mi misma pero los espejos mienten vulgarmente, no me reflejan, me desconozco. Sigo caminando hasta que anochece. En el cielo mi homónimo brilla intensamente, no hay una sola estrella en el cielo, solo la luna, tampoco soy yo.

Sigo caminando, deambulando desinteresadamente, mi mente esta llena de confusion, de sombras casi liquidas girando tiñendose de tonos purpureos y sonrisas estremecedoras. Súbitamente despierto de mis ensoñaciones en un bosque que desconozco por completo, sin embargo me es terriblemente familiar, un bosque gris y seco, arboles muertos y sin embargo de pie, la tierra esta húmeda y sin embargo estéril, es un camino fácil de andar, no tiene muchos desniveles.

Al cabo de un par de horas caigo rendida por el agotamiento, recargada en un grueso arbol, tambien muerto pero de apariencia resistente, el sueño me vence y duermo sin soñar. Solo oigo movimientos suaves, el crujido de hojas secas y el viento silbando entre las ramas, siento mi cuerpo deslizarse, llevado por el letargo del descanzo.

No se cuanto tiempo he dormido. Al despertar sigue estando obscuro hasta que con un sobresalto me doy cuenta de que no estoy al pie de un árbol sino en un lugar techado, un lugar húmedo y por el eco puedo deducir que es bastante amplio. Al caminar caigo en cuenta de que no es un techo sino una caverna larga y con el aspecto de un laberinto llena de bifurcaciones y caminos sin salida. Gritar no sirve de nada, solo produce escalofrios al obtener de vuelta el eco de mi voz con un terrible dejo burlón que tarda minutos en abandonar mis oidos.

Las horas se van y tras ellas arrastrando mi cordura. Las paredes mientras camino se llenan de ojos vacios que sin embargo me observan, miles de ojos me juszgan, me atrapan, me vigilan. El golpe de mis pasos reverbera en las paredes mientras corro tratando de escapar de sus miradas. No puede ser real, simplemente no puede serlo. Tratando de controlarme me detengo y acerco una mano a la pared mas cercana, aquellos ojos blanquecinos siguen el movimiento de mis dedos al tocar la pared y retirarla rapidamente, la textura es tibia y humeda, viscosa como sangre coagulada, esto acaba con mi sanidad mental y hecho a correr desesperada entre los tuneles mientras los ojos poco a poco se convierten en bocas, las cuales me asedian con risas y burlas, blasfemando mi nombre y mi mera existencia con voces estridentes imposibles de ser reproducidas por una garganta humana.

No se cuantas horas o cuantos dias, cuantos eones pasan mientras sigo corriendo hasta que al final veo la luz de una salida, extrañamente la luz no resulta cegadora sino extrañamente comoda. Dejo de correr, no me siento cansada y camino despacio entre los arboles. No importa el sol q los baña de luz, ellos permanecen frios.

Mas alla de un claro, alcanzo a escuchar la voz de un hombre que maldice en voz baja mientras termina de sepultar algo y se retira. Tal vez por timidez espero a que se haya retirado antes de acercarme a observar y ver que estaba llenando de tierra un agujero frente a una lápida, estaba enterrando a una persona, que lúgubre trabajo...

Tal vez hay sido solo morbo lo que me atrajo hacia aquella lápida y darle una mirada tras la cual entendí todo, la confusión, el miedo, la soledad, todo estuvo claro ante mi cuando en aquella sucia piedra rectangular pude leer claramente mi nombre sin ningun epitafio.

sábado, 21 de abril de 2012

La mansión del olvido


Las voces se han callado ya, los bosques dejaron de murmurar. 
Una obscura silueta se mueve errante a traves de un tortuoso y hace mucho olvidado sendero, la tunica que oculta la naturaleza fisica de este engendro se denota rasgada, presumiblemente por el camino rodeado de zarzas dejando dar un minimo vistazo de piel, una rajada de putrefacción cuya horridez solo es superada por el mezquino e ignoto aroma desprendido, como una blasfemia al entorno por esta rotura.

El camino asciende sinuoso bordeando un desfiladero, ocultando el mar, agitado y furioso similando el temido Maelström noruego,  arremetiendo salvajemente contra la escarpada piedra negra y mortecina que sirve como base a una mansion tenebrosa solo visible como silueta frente a una enorme luna llena teñida de vino escarlata.

Tras alcanzar finalmente el umbral de esta mansion se logra percibir la terrible arquitectura de la misma; cada una de sus torres, cercenadas, malignas y resquebrajadas, cada una coronada con una monstruosa gargola, quimeras y demonios de sardónica sonrisa amenazando con ojos de granito y piedra caliza a cualquiera que cometa la osadia de alcanzar este luctuoso lugar, iglesia de pecado y mórbida obsesion, coronada con un mortuorio chapitel de obscuro detalle y perfeccion tecnica.

La entrada resulta imposible para un hijo de la luz, solo aquellos bautizados en el odio y la sombra conocen la entrada. Al borde de las colosales puertas, en el lado izquierdo se encuentra un altar de piedra burdamente tallado. Sin un segundo de duda, con una piedra filosa marca una hendidura en su muñeca derecha bañando el altar con un profuso chorro carmesi y tras unos segundos de abundante sangrado, usando la mano izquierda dibuja en la puerta el simbolo y el portal del gran señor Marduk Kurios mientras murmuraba un cantico que solo podria traducirse como "Angelus exuro pro eternus venit... venit... tandem venit..." Tras unos segundos de agonica espera, con un chirrido el peso de las puertas venció los herrumbosos goznes y emitiendo un golpe sordo, cayó totalmente dando entrada al atrio de este lugar.

Al entrar solo se puede percibir el ominoso aroma de la muerte y el horror, capas de polvo cubren el lugar como un gris e inmenso sudario que nunca debería ser profanado. Un candelabro inmenso yace destruido al centro del atrio, victima del tiempo y los horrores albergados. El camino fue breve, el silencio solo ultrajado por el eco de sus blasfemas pisadas entre polvo y el crujido ocasional de huesos de roedor bajo su planta. 

Finalmente alcanzó la pieza principal y tras andar sobre una alfombra en otros tiempos purpura y gloriosa alcanzó el objetivo de su peregrinación: Un polvoroso trono de de obsidiana amatista habilmente labrado con motivos runicos, simbolos y frases de artes antaño olvidadas y misticas lenguas, ojos que no fueron hechos para ver tapizaban la pared tras este malefico trono.

Tras un largo suspiro y un murmullo ininteligible la criatura encapuchada posó su cuerpo en el trono al tiempo que retiraba la capucha de su rostro mostrando llagas y musculo carcomido y purulento, aparentaba una vejez incomparable, mas sus ojos eran jovenes y mostraban decision y sabiduria. Al momento de sentarse, sus apendices fueron atrapados con lo que aparentaba ser un mecanismo de grilletes. A la vez su cuerpo comenzó a menguar y replegarse, derritiendose mientras cada ojo de la pared despertaba concentrando su mirada en los restos del ocupante del trono, una masa semiliquida y maloliente parcialmente cubierta con una tunica raida y humeante.

Tras disolverse el ultimo rastro de vida en el trono, la paz del entorno cambió mientras el viento barría cada mota de polvo, a cada segundo que pasaba, el antiguo esplendor volvía a cada pieza del edificio, el brillo regresaba a los barandales de caoba, cada cuadro se llenaba de vida y nuevo color, el candelabro derruido regresó a su antiguo lugar de gloria como un sol balanceante y acompañado por una risa fria como un estertor y maligna como el inicuo la puerta retomó su lugar, resguardando la entrada que ahora permanece sellada esperando al siguiente sacerdote...