Este es un relato de amor. No es el amor que todos conocemos, no. Es el amor desde la cabeza de un hombre demente y sin esperanzas, desde el corazón de un excéntrico aberrado que no conoce el rumbo detrás de su frente y delante de sus ojos. Este es el amor según Nathan Sanders. Yo soy Nathan Sanders.
Si al leer esto te sientes confundido o confundida bueno, bienvenida a mi mundo -Escribió Nathan entre risas. -Solo lee un poco más. Probablemente todo tenga sentido más adelante...
-¡Hey! ¿Quién dijo eso?
-Yo lo dije.
- ¿¡Quién carajo eres tu!?
-Nathan Sanders, mucho gusto.
-Mucho gus... ¡Maldito mentiroso! ¡Yo soy Nathan Sanders!
-Si, así es. Tu eres Nathan Sanders y yo soy Nathan Sanders, ¿Es eso tan difícil?
Nathan se encontraba atónito. Esa voz que parecía no provenir de ninguna parte y sin embargo era tan clara parecía tener como único propósito el confundirlo.
-¡Cállate! ¿Qué demonios estás tratando de hacer? ¿Cómo es que sabes lo que estoy pensando?
-Nathan, Nathan, Nathan... ¿Quién soy? ¿Qué hago? ¿Cómo sé lo que piensas? Bueno, le explicaré a nuestro elegante lector o bella lectora, escucha si quieres. Nathan como bien lo dijo, está demente. Él y yo somos uno y el mismo, en resumen soy solo una voz dentro de su cabeza (una mas educada que él, si me permites agregarlo) que en este relato cumplirá la ocasional función de narrador y en caso de que la situación lo amerite haré algún comentario, en caso contrario procuraré no intervenir. Leer a una voz que no existe debe ser peculiar y a decir verdad no es lo más entretenido que se me me ocurriría.
-¿Una voz en mi cabeza? ¡Vaya! Ese tipo debe estar loco. Procuraré no escucharlo y seguiré escribiendo para ti.
El amor es extraño. Puede ser doloroso, puede hacerte perder la razón y sin embargo amar es lo más bello que podría sentir en mi vida. Tienes el derecho a diferir y a decir que no se de lo que hablo, que soy solo un loco y tendrías razón, tu opinión y punta de vista son enteramente tuyos y nadie (especialmente un extraño hombre escribiendo en su computadora) tiene el derecho de contradecirlo.
No soy un hombre adinerado, tal vez tampoco muy bien parecido, ni he seducido a muchas mujeres hasta mi cama para hacerlas mías, pero si he amado, he amado a quien no debí amar, he amado hasta no poder más y claro, he sufrido por el amor y he caminado con el corazón roto.
-¿No pudiste encontrar algo un poco mas refinado que "hacerlas mías"?
-No, pensé en "seducido hasta mi cama para degustar la carne" pero me sonó como una pizza "Meat lovers" viendo por décima vez "Scott Pilgrim vs. The world".
-Eso es deprimente pero tienes razón, ahora "hacerlas mías" suena menos vulgar. Por favor continua.
Las mujeres... Empezaré citando a un buen amigo mío: "Dejaré de tratar de entenderlas y me dedicaré a quererlas". Las palabras de mi amigo tienen cierta extraña sabiduría. Las mujeres son el regalo más magnífico que se le pudo dar a la humanidad, más aún que la música, la pintura, la literatura y los videojuegos. Cualquier forma de arte es inferior a una mujer. ¿Por qué? Simple: El arte requiere inspiración para llevar la imaginación al mundo de la estética y la belleza, todas y cada una de las mujeres son justo eso, belleza y estética, madres, abuelas, hijas, hermanas, parejas, amantes, desconocidas, todas lo son. Si eres un hombre té, mi apreciado lector, estoy seguro de que pensaste en una dama maravillosa y si eres mujer bueno, gracias por inspirar esta obra extraña pues es a ti a quien describo, a tí exactamente.
Estuve a punto de atreverme a describir sus cualidades pero a tiempo me dí cuenta de lo osado que es eso, ¡Jamás terminaría! Cada una es un mundo majestuoso y excelso, podría hablar de su colosal sensualidad al andar delicadamente por la ciudad con esos tacones altos (es una proeza admirable por lo que he escuchado) emanando seguridad y dejandonos boquiabiertos. O tal vez de la protección de un hogar que brindan cuando la vida nos golpea y aplasta como hojas de otoño e inevitablemente rompemos en lágrimas en sus brazos. Podría hablar de eso y un millar de cosas más y seguramente me quedaría corto así que no lo haré.
-Ya lo hiciste...
-¡Por el amor de dios no interrumpas mi inspiración!
-Eres ateo...
-Y también me gusta cantar en ropa interior pero ¿eso que importa?
-Olvídalo... Me arrepiento de haberte interrumpido...
Hablaré sobre la sublimación del valor todo lo que alguna vez podría decir o escribir: Te amo. Me deprime ver como se usa esta celestial declaración y me rompe el corazón recordar como alguna vez la ocupé.
-¿La ocupaste?
-No soy un maldito santo, tú mejor que nadie debería saberlo, supongo. Me equivoqué en muchas ocasiones, fui un estúpido en muchas más, Me aferré a no estar de acuerdo con que "una bomba hace mas ruido que una caricia" y olvidé que lo que las caricias crean en días, meses y años, bueno, suficientes bombas pueden destruir en minutos.
-Digamos que lo olvidé...
-olvidaré que golpearme la cabeza no es bueno, a ver si eso te agrada...
-Ok, ok, anotado.
Un "te amo" no es una forma de decir "no me dejes", no es una forma de pedir disculpas. ¡No lo es! Un "te amo" es una alabanza, es la expresión de tu deseo de preservar la gran elegancia y el carácter de quien amas y admiras. No solo es amar, es observar, es adorar la libertad y la desenvoltura de aquella de la que eres devoto, de aquel ángel del que no sabes como eres tan afortunado de besar o de recordar, es desear que sea ella y que cada vez sea más ella. Cuando eso existe di "te amo". Cuando eso eso llegue a existir besa.
¡Ah! Los besos... El dulce, dulce néctar de los labios de una dama, si algo puede ser tan celestial como para conmover a Satanás, tan poderoso como para romper el orgullo del infierno, más excelso que el perdón divino, un solo beso de quien amas puede crear y destruir mundos, es tan indescrptiblemente mágico...
-Demasiado miltoniano ¿No crees?
-Demasiado quisquilloso ¿No te parece?
-Tenía que decirlo... ya me conoces, o te conoces, o lo que sea.
-Da lo mismo ¿Puedo terminar en paz?
-Adelante
A ti hombre que leíste esto, espero que mis locuras te den algo útil, haz feliz a una mujer.
A ti mujer que me permitiste darte estas letras, gracias, gracias por existir y ser mujer, gracias por deleitarme e inspirarme, te ruego que jamás dejes de ser tú.
-¿Te molesta si también me despido?
-Lo harás igualmente ¿No?
-Así es. Amar puede llevarte a la locura, puede ser el cielo o el camino al infierno. Observa, ama, admira y ama hasta que tu vida sea amor...
-¡¡¡O locura!!!
-Sé observador, podrías terminar como Nathan Sanders...
-Y Nathan Sanders lo haría de nuevo.
viernes, 13 de diciembre de 2013
sábado, 25 de mayo de 2013
Pesadilla
¿De algo sirvio rezar a un dios sordo y mudo? ¿Es tan malo lo desconocido? ¿Por qué temer a lo que habita en la sombra…?
El jubiloso sol que lentamente perece para renacer da paso a un purpureo ocaso, tímido y melancólico, dispuesto a morir deseando no volver. En el cielo se cierne brillante e imponente una gibosa luna, dispuesta, seductora, simplemente poderosa y resuelta buscando perpetuar su dominio nocturno.
Un padre puede besar a su hija amorosamente con ojos vacíos y realmente estar en otro lado, tal vez en su trabajo o en el pesar que lo atormenta, puede besarla y sin embargo no hacerlo. Rezar por una noche tranquila de sueño para su pequeña prole, mas sin albergar interés en si aquello ocurre o no.
Tan pequeña, tan pura como es, rizos cobrizos; pequeños espirales de ternura enmarcando una tez de uniforme color marmoleo y grandes ojos avellana. Tan tierna edad y puro corazón, manjar para los señores del averno, descansando plácidamente en su cama, ignorante de la maldad del mundo exterior, tan cercano a ella, rondando.
El sueño ha derrotado su juvenil energía, sumiéndola en el abrazo de Morfeo, Reduciendo a nada el rugido de la noche; Azif. El termino árabe para el ruido nocturno, la voz de los demonios, Azif.
El sueño, puro y libre de culpa o pecado como este, por supuesto no esta hecho para durar.
Tan usual, tan común que ni lo sagrado escapa a ello. Al abrir lentamente, soñolienta como lo estaba, entorno con dificultad la mirada, aun desenfocada hacia el único lugar que no puede ser puro, su viejo armario.
Por fin logro enfocar la mirada solo para descubrir casi sin inmutarse que la puerta, lejos de estar cerrada como debería haberlo estado, se encontraba no solo entreabierta sino que, en el resquicio de la puerta se asomaban lo que parecían cuchillos curveados, su movimiento era lento pero continuo, con un pequeño haz de plateada luz de luna. La pequeña Inocencia, pues otro nombre hubiera sido inadecuado, se percató de que no
eran cuchillos, sino dedos terminados en garras metálicas, seguidas de un brazo de piel negra, parecido a escamas.
Con una garra se sostenía en el umbral de la puerta mientras con la otra empujó la puerta con tal fuerza que al llegar a su limite los goznes cedieron y la puerta permaneció colgando con las bisagras destrozadas y una figura humanoide se erigió encorvada a media luz que entraba por la ventana a través de las cortinas de un color gris vaporoso.
La piel era negra y rígida, como humo solidificado o carbón viejo. Flexible y húmeda como piel viperina, insidiosa. Púas se alzaban, blasfemas a lo largo de lo que debía ser una columna mas parecía una bestia delgada y fuerte, un exoesqueleto, como aquel de un insecto depredador. Sus ojos eran rojos y coléricos, moviéndose enloquecidamente por toda la habitación. Dientes afilados, estalactitas y estalagmitas metálicas bordeaban la cueva de lobo que su boca era, chorreando un liquido verdoso y de consistencia viscosa, que al caer al suelo quemaba sin flamas los tablones que lo formaban.
Una voz gélida atacó con violencia el aire al declamar, profano:
-Soy el hombre que golpea a su mujer mientras murmura que la ama, soy el grito inaudible de la víctima, soy el dolor que no se conoce y el pesar que los vivos prefieren ignorar, soy la Violencia del universo.
Violencia, sádica y maliciosa, se alejo del umbral del armario con pasos arrogantes y ominosos, en dirección a la pequeña aterrorizada. Pasmada como se encontraba, en vez de correr solo logro ponerse en pie a un costado de su cama, petrificada ante la encarnación del terror infantil.
Al llegar la Violencia al lecho de Inocencia, levanto la garra derecha, lista para desgarrar, sin embargo, con un movimiento fugaz la tomó por la cintura y la levanto contra su inhumano rostro, acariciando malicioso las tiernas y rosadas mejillas de la niña con una sola cuchilla de la garra izquierda. Una larga lengua bífida, verde como un pantano putrefacto, extendiéndose rápidamente, lamió su impecable cuello dejando tras de si ligeras marcas de quemadura, apenas mas brillantes que una quemadura solar.
El dolor logró que Inocencia reaccionara, mas lo hizo de forma inesperada: impulsándose hacia delante y abrazando tiernamente a Violencia.
El demonio, tras un segundo de sorpresa, tomandola por la parte trasera de su pijama la arrojo fieramente contra la pared al otro lado de la cama y exhalando irregularmente mientras daba zarpazos sin ningún tipo de control, arrazando cada pieza de la habitación que osaba existir en su camino.
Al alcanzar a la niña, observo deteniéndose, como pese a estar llorando desconsoladamente, sonreía con pureza, sin temor pero con pesar de algún tipo.
Levantando una vez mas las garras, la tomo por el cuello suave pero firmemente mientras con la otra arrancaba su cabeza y comenzó a devorar su inmaculado cuerpo.
Tras terminar el festín, aun goteando sangre, un aullido lastimero lleno la habitación mientras se desgarraba desesperadamente a si mismo mientras su viperina piel se regeneraba, sus garras se replegaron y disminuyeron, las púas de la espalda se secaron y cayeron como trigo seco bajo el viento, sus malignos ojos se tornaron color avellana y reflejaban compasión.
Dio la vuelta y tras entornar la mirada por un segundo para rendir mudo homenaje a la luna, comenzó una breve marcha casi fúnebre hacia el armario.
Ya en el umbral se detuvo un segundo, sosteniendo la puerta cerrándola lentamente y antes de cerrarla por completo un murmullo duro pero infantil fue oído:
-Mi nombre es Amor…
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